Nada más irreal que un ideal. ¡Cuán ideales los ideales!
O será que nada más ideal que un irreal.
Nada más plástico que el mundo.
Nada más artificial que tus flores plásticas, como el mismísimo mundo.
A imagen y semejanza.-
Mostrando entradas con la etiqueta tardes de colores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tardes de colores. Mostrar todas las entradas
domingo, 11 de diciembre de 2011
viernes, 5 de agosto de 2011
jueves, 4 de agosto de 2011
wi ol liv in e ielou submarín
En cualquier momento, cuando menos te lo esperes, va a llegar la primavera. Y a medida que los meses de primavera van pasando, vuelven las tardes amarillas.
Las tardes amarillas son especímenes típicos de la temporada primeavera verano tirando a verano verano. En principio es necesario que el día se alargue, puesto que las tardes amarillas se dan alrededor de las siete, siete y media -pé eme. Y para que a esa hora podamos llamarle "tarde" -tarde como el rato del día que está entre el almuerzo y la oscuridad, no como tarde, demasiado tarde, un poco tarde, ya es tarde, tarde ya perdió el sentido- es necesario que anochezca, ahora sí pues, para qué tanta explicación, más tarde.
Las tardes amarillas tienen el alivio del calor que baja y olor a tilo o a jazmín. Dice mi nariz que un poco se parecen a la tardebuena, pero sin pólvora y con menos comida.
Alguna vez las tardes amarillas tuvieron a mi abuela con su silloncito -amarillo- sentada en la puerta de casa. Suelen usar vestidos cortos, indecentes, de colores claros, y si uno tiene mucha pero mucha suerte, están en malla al lado de una pileta, huelen a pasto cortado y se oyen como grillos, pajaritos, ladridos lejanos y una radio que canta chamamé.
Se reflejan y se encienden todavía más cuando golpean las paredes del pasillo. Si viene una tarde amarilla y cierro los ojos, camino descalza por las baldosas que, desparejas y levantadas, me jugaban al equilibrio y me raspaban las rodillas.
Las tardes amarillas son especímenes típicos de la temporada primeavera verano tirando a verano verano. En principio es necesario que el día se alargue, puesto que las tardes amarillas se dan alrededor de las siete, siete y media -pé eme. Y para que a esa hora podamos llamarle "tarde" -tarde como el rato del día que está entre el almuerzo y la oscuridad, no como tarde, demasiado tarde, un poco tarde, ya es tarde, tarde ya perdió el sentido- es necesario que anochezca, ahora sí pues, para qué tanta explicación, más tarde.
Las tardes amarillas tienen el alivio del calor que baja y olor a tilo o a jazmín. Dice mi nariz que un poco se parecen a la tardebuena, pero sin pólvora y con menos comida.
Alguna vez las tardes amarillas tuvieron a mi abuela con su silloncito -amarillo- sentada en la puerta de casa. Suelen usar vestidos cortos, indecentes, de colores claros, y si uno tiene mucha pero mucha suerte, están en malla al lado de una pileta, huelen a pasto cortado y se oyen como grillos, pajaritos, ladridos lejanos y una radio que canta chamamé.
Se reflejan y se encienden todavía más cuando golpean las paredes del pasillo. Si viene una tarde amarilla y cierro los ojos, camino descalza por las baldosas que, desparejas y levantadas, me jugaban al equilibrio y me raspaban las rodillas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)