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lunes, 13 de febrero de 2012

Agua

El mar es un imán y cada ola viste un polo distinto. Me atrae tanto como me empuja hacia la orilla. El mar es un imán que lleva siempre la misma carga, opuesta para los ojos que no pueden esquivarlo, para los oídos que escuchan el vaivén. Mirar el mar, imposible mirar el mar, mirarlo todo, tan imposible como no mirarlo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Plastideal

Nada más irreal que un ideal. ¡Cuán ideales los ideales!
O será que nada más ideal que un irreal.
Nada más plástico que el mundo.
Nada más artificial que tus flores plásticas, como el mismísimo mundo.
A imagen y semejanza.-

viernes, 9 de septiembre de 2011

Chiflete

Las puertas lo dejan a uno de un lado o de otro. Gran conclusión, hoy estoy muy perspicaz.
Cada puerta es un camino de ida. Toda puerta abierta queda cerrada para la persona que la cruzó. Por más fuerte que lo intentes, cuando vuelvas a cruzar, ya vas a ser = (la persona que eras antes de cruzar la puerta) + (la puerta que cruzaste). Nunca más vas a ser virgen de esa puerta. La próxima vez que pases, va a ser la segunda. 

Bomba de olor

Haber salido de mi todavía casa, llevando en el bolso unas primeras cuestiones -pa'l mate- a mi futura casa, y que la tarde oliera a los primeros jazmines del año.

viernes, 5 de agosto de 2011

jueves, 4 de agosto de 2011

o bien


por ejemplo


wi ol liv in e ielou submarín

En cualquier momento, cuando menos te lo esperes, va a llegar la primavera. Y a medida que los meses de primavera van pasando, vuelven las tardes amarillas.

Las tardes amarillas son especímenes típicos de la temporada primeavera verano tirando a verano verano. En principio es necesario que el día se alargue, puesto que las tardes amarillas se dan alrededor de las siete, siete y media -pé eme. Y para que a esa hora podamos llamarle "tarde" -tarde como el rato del día que está entre el almuerzo y la oscuridad, no como tarde, demasiado tarde, un poco tarde, ya es tarde, tarde ya perdió el sentido- es necesario que anochezca, ahora sí pues, para qué tanta explicación, más tarde.

Las tardes amarillas tienen el alivio del calor que baja y olor a tilo o a jazmín. Dice mi nariz que un poco se parecen a la tardebuena, pero sin pólvora y con menos comida.

Alguna vez las tardes amarillas tuvieron a mi abuela con su silloncito -amarillo- sentada en la puerta de casa. Suelen usar vestidos cortos, indecentes, de colores claros, y si uno tiene mucha pero mucha suerte, están en malla al lado de una pileta, huelen a pasto cortado y se oyen como grillos, pajaritos, ladridos lejanos y una radio que canta chamamé.

Se reflejan y se encienden todavía más cuando golpean las paredes del pasillo. Si viene una tarde amarilla y cierro los ojos, camino descalza por las baldosas que, desparejas y levantadas, me jugaban al equilibrio y me raspaban las rodillas.